Juan Le Parc crea una tragedia animal teatral que confronta al usuario con la dualidad del consumo masivo y la adoración de los animales. Los animales se escenifican en una lenta, macabra y mecánica coreografía al borde de la agonía y la carnicería caníbal. Las campanas de la iglesia como gritos repican al unísono con las reverberaciones automáticas de los mataderos, anunciando el inicio de la producción también conocida como cadena industrial del sufrimiento.