
Exposición de la artista Nathalie Rey comisariada por Olga Sureda
Fechas: del 26 de noviembre al 5 de diciembre de 2020
Inauguración: 26 de noviembre a las 18h hasta las 21h. Reserva en Eventbrite.
Horario de galería: de martes a domingo | 16.00 – 20.00
En el mar / la mer, diversos temas recurrentes en la obra de Nathalie Rey —como la imaginación infantil, el naufragio entendido como fracaso, la denuncia de la sociedad de consumo contemporánea y las catástrofes medioambientales causadas por el ser humano— se entrelazan con un hilo conductor claro: el mar.
En los proyectos de Nathalie Rey, el mar (la mer) aparece poderoso pero sereno, bello pero peligroso, representando la paz y la calma y, al mismo tiempo, albergando naufragios, batallas y desastres medioambientales. Nos da cobijo y nos alimenta, y es la madre (la mère), aludiendo a la madre con su hijo y a la madre tierra que nos nutre, nos cuida y nos protege.
De estos dos términos y su simbolismo surge el título de la exposición: el mar y la mer, este último, escrito en el alfabeto fonético, representa dos palabras homófonas en francés con significados distintos (mar y madre). Rey crea así un juego visual de palabras y se sirve de lo que simbolizan para hablar de la humanidad, las guerras, las catástrofes y, en definitiva, de nuestra madre tierra, desde la imaginación infantil y a través de objetos aparentemente inocentes.
Varias obras que componen la exposición evocan los recuerdos de infancia de la artista en el pueblo de su abuela en Belle-Île-en-Mer, una isla frente a la costa atlántica del norte de Francia. Es el caso de La Danza de Los Ahogados y Tas No.10, dos instalaciones en las que la artista utiliza objetos encontrados en la casa de su abuela —como chalecos salvavidas y bolos con forma de pingüino— y los recuerdos e historias que contienen, para alzar la voz contra las tragedias socioambientales.
Este es el caso de la historia detrás de Tas No.10 (2014), compuesta por una serie de grandes pines de pingüino apilados unos sobre otros (de ahí el título tas, que significa «pila» en francés). Aquí, Rey toma como punto de partida su experiencia personal al encontrarse con estos pingüinos en un momento que coincidió con una trágica circunstancia familiar para crear otra rama de la serie Tas (2013-2018), en la que la artista hace referencia a las fotografías filtradas del campo de Abu Ghraib tras la invasión estadounidense de Irak, que mostraban una pila de cuerpos desnudos de prisioneros torturados por los responsables del campo.
Lo mismo ocurre con La Danza de Los Ahogados (2020), en la que los chalecos salvavidas colgados del techo, pertenecientes al barco del abuelo de la artista —capitán de marina—, aluden a los problemas actuales de la migración con el cierre de fronteras y el drama de las pateras, una clara alusión al mar como cobijo y a las desgracias sociales, económicas y ecológicas.
Para Nathalie Rey, el mar también refleja los efectos irreversibles del cambio climático y las consecuencias de la huella humana en el medio ambiente a través del consumo de plástico. Esto es lo que nos cuenta en su proyecto Naufragio (2012-2020), que nació tras leer la noticia sobre doce contenedores de carga que cayeron al agua durante una tormenta en el Océano Pacífico, uno de los cuales contenía miles de juguetes de baño infantiles que quedaron flotando y contaminando el mar durante años. Aquí, la artista recrea parte de esta aventura con una instalación de patos de goma en una playa del Maresme que captura en una serie de fotografías (Shipwreck I, 2012). Nathalie Rey también expone una variante (2019) de este proyecto, compuesta por cientos de estos patos de plástico, aunque esta vez apilados dentro de una bañera a punto de desbordarse, que puede entenderse como una metáfora del mar y la sociedad de consumo con un guiño al mundo de los niños, puro e implacable a la vez.
Unos años después del primer trabajo de Shipwreck, Rey recreó el escenario pero esta vez representando el naufragio de miles de huevos Kinder Sorpresa de distintos colores que invadieron la isla de Langeeog, en la costa del Mar Báltico, en Shipwreck II (2017), una instalación compuesta de bancos de arena metálicos rellenos de arena rosa y cientos de huevos de gallina. En este caso, la artista quiso enfatizar el contraste entre lo natural y lo artificial, lo real y lo falso, sustituyendo la arena de playa por arena artificial rosa y usando huevos de gallina biodegradables en lugar de los huevos de plástico.
Con Shipwreck III (2018-2020), Nathalie Rey ha iniciado otro proceso activo de transformación en la naturaleza, esta vez no basado en eventos como el naufragio de patos de goma o huevos Kinder, sino creando su propia narrativa. Rey contamina simbólicamente distintos paisajes con el mismo material que denuncia: el plástico. La artista interviene así voluntariamente en los diferentes escenarios, dispersando cientos de tarros de plástico de colores y creando un paisaje que atrae visualmente la mirada del espectador pero que, en definitiva, denuncia la crudeza de la realidad.
Las obras de esta serie mostradas en la exposición ilustran intervenciones realizadas este año (2020), algunas de las cuales fueron documentadas en fotografías impresas en lienzo de vinilo, como Cap de Grills en la Costa del Garraf y Port Skeul en la isla de su abuela, y otras documentadas en vídeo, como podemos ver en la acción que tuvo lugar en Belle-Île-en-Mer, dando al vídeo su título (Belle-Île-en-Mer). Una acción que consiste no solo en dispersar plástico, sino también en recogerlo después, con el deseo de despertar conciencias y dar ejemplo.
Cabe destacar que la fase final del proyecto Naufragio también ha tenido una vertiente educativa y participativa, en la que la artista —con la intención de fomentar la cooperación y el pensamiento colectivo en torno a lo que denuncia a través de sus proyectos— ha trabajado con diversos colectivos vinculados al medio ambiente y con grupos de niños en colaboración con escuelas, realizando el «Taller d’Art». Compartiendo sus inquietudes y su proceso creativo, Rey ha abierto un diálogo entre su obra y la imaginación de los niños para crear obras de arte con ellos a partir de residuos plásticos, tomando acción y transmitiendo su mensaje.
Nathalie Rey trabaja actualmente en otras ramificaciones de su proceso artístico, como en Donnant 1 (2020), una impresión en blanco y negro en una caja de madera y metacrilato en la que la artista interviene en el medio fotográfico en lugar de directamente en el paisaje. Al clavar chinchetas de colores que remiten a botellas de plástico en las fotografías en blanco y negro, Rey refuerza también el contraste entre lo natural y lo artificial. Asimismo, la serie fotográfica La Balsa de Santa Susanna de Vilamajor (2020), un proyecto que desarrolla con el artista Enric Maurí y en el que una vez más «contamina» el paisaje —esta vez no con tarros de plástico, sino con algunos de sus objetos fetiche, como patos de goma o peluches—. Compuesta por cinco impresiones en color, tanto esta serie como Donnant 1 aluden a lugares que la artista ha visitado y que tienen significado para ella.
En Plastic Sea (2019-2020), Nathalie Rey visibiliza a través de sus mapas invertidos lo que es invisible a nuestros ojos: la ingente cantidad de residuos que acaban en los océanos. Compuesta por veinte lienzos circulares (en la exposición podemos ver cuatro de ellos: Plastic Europe, Plastic America, Plastic Asia y Plastic Africa), en esta serie la artista cose a mano miles de perlas de plástico de colores que simbolizan el enorme vertedero en océanos, mares y lagos. Una acción meditativa que requiere paciencia y precisión y mediante la cual Rey denuncia un problema global.
Así también Noticias 2, una serie de nueve imágenes en blanco y negro que la artista ha tomado de recortes de prensa y alterado de manera sutil y casi imperceptible, aludiendo a la manipulación y falsificación de los medios de comunicación de masas y la sociedad de consumo de la que habla Jean Baudrillard. En esta obra, como en las demás, Rey altera las narrativas procedentes de historias e imágenes que hablan de tragedias causadas por el ser humano (como el Holocausto nazi o las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki) para moverse entre lo falso y lo real, lo natural y lo artificial, lo bello y lo terrible, y entre la inocencia y la crueldad.
Un juego de dualidades por el que Nathalie Rey navega para contar su propia historia de la humanidad desde su punto de vista personal y para reivindicar el colectivismo frente al egoísmo y el individualismo, porque, con intención y acción, todos podríamos convertir algo destructivo en algo constructivo reciclando o reutilizando aquello con lo que estamos contaminando.
En el mar / la mer, el mar se convierte en un leitmotiv agridulce, como el paso de la infancia a la edad adulta, o la historia de la humanidad, con sus avances y al mismo tiempo sus desgracias. Nathalie Rey, una artista consciente de la época en la que vive, propone así nuevos caminos de transformación que nos invitan a concebir el mundo desde la empatía y la conciencia.
