
Si partimos de la concepción del artista como ser constantemente desplazado, que se nutre de un pensamiento acumulativo, podemos considerar el proceso creativo como una exploración con capacidad para generar configuraciones que propician estados de reflexión, pensamiento, perplejidad e incluso ironía, frente al contexto y las circunstancias del momento.
“¿Y si el arte político habita lugares inesperados, camuflado para las miradas convencionales? ¿Y si el radicalismo residiera precisamente en la oposición constante al discurso establecido?” Estrella de Diego. Otra manera de ser político. Artículo sobre Mario Pedrosa. De la naturaleza afectiva de la forma. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.
Aplicando el comentario de Estrella de Diego, me atrevo a decir que: La extraordinaria capacidad del artista visual hoy es fijar la mirada en lugares aparentemente divergentes. Esto constituye el verdadero compromiso (político, social o de pensamiento): tener en cuenta las pluralidades y desafiar las soluciones unívocas o los espejismos objetivos.
Para este propósito, el proceso personal se configura con acciones relacionadas con conceptos y/o acciones que aparecen frecuentemente en el contexto cotidiano:
1.- Acciones difusas o de baja visibilidad
2.- Acciones transgresoras o de reafirmación del límite
3.- Acciones inacabadas o de desplazamiento
4.- Acciones fragmentarias o de segregación
5.- Acciones de ensayo o de probabilidad
6.- Acciones de tensión en el espacio de acción
7.- Acciones contingentes, acumulativas o aleatoriamente imprevistas
En estas performances, prevalece la voluntad de no generar ninguna ilusión en el espectador que pueda sugerir que está ante una pintura geométrica —el hecho de contener formas aparentemente geométricas no la constituye como tal, siendo informalmente geométrica—. Las acciones indicadas anteriormente parecen, en principio, contrarias (o no adecuadas) a los conceptos establecidos, pero paradójicamente son adoptadas y practicadas en los ámbitos político, económico, legislativo e incluso académico.
Estas acciones, aplicadas al proceso creativo, exploran en su realización elementos visibles que muestran una ausencia de idealismo de cualquier tipo y sitúan al espectador ante la posibilidad de poder realizar la transición entre conceptos —establecidos como positivos— como la racionalidad, la certeza, la seguridad, la fortaleza, la prevención, la previsión, la estructuración, la unicidad, etc., o conceptos que muestran las acciones antes mencionadas, más relacionados con la irracionalidad, la incertidumbre, la precariedad, la fragilidad, el accidente, la desestructuración aleatoria, la fragmentación, etc., frecuentemente considerados no tan positivos, pero sí poseedores de un gran potencial transformador, razón por la cual tienen resultados imprevistos.
“Nuestra racionalidad es imperfecta, las alteraciones cognitivas están influidas por las emociones, pero también por la saturación de las percepciones (…) Hemos descentralizado al sujeto soberano (…) debemos sumergirnos en la búsqueda prudente de soluciones imperfectas.” Manuel Arias Maldonado. La democracia sentimental.
A pesar de tener la conciencia de que no existe un “logro perfecto”, existe la voluntad de profundizar en lo contingente e impredecible (parafraseando a Martin Kippenberger: No saber el por qué, pero sabiendo porqué…) con el fin de continuar la exploración del entorno cambiante en el que estamos inmersos. Aquí se presentan las obras.
Olesa de Montserrat, 12 de diciembre de 2017

